Napoli, El Grito Del Sur

Napoli, el grito del Sur
FIESTA NAPOLITANA. El desahogo es sinónimo de felicidad en la ciudad que le reza a San Gennaro. No es para menos: la Juventus está de rodillas.

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Por Emiliano Chavez

Son días de alegres transiciones los que vive Nápoles. Del legado de Maradona a esta consagración en el solitario Olímpico de Roma. De los goles de Hamsik al top récord de Mertens. De Paolo Cannavaro a Lorenzo Insigne. De un recio zaguero, con aspecto de modelo, a este bajito atrevido, capaz de robarse a la novia. Estos últimos, dos opuestos acuñados en la misma casa. Napolitanos de pura cepa unidos por el sentido de pertenencia y la cinta de capitán. Y que son parte de las revoluciones del sur. De esos gritos de desahogo que, aún sin goles, retumban en las calles de la ciudad más populosa de Italia, por las manos de Alex Meret y la ejecución decisiva de Milik. No es para menos. Ese alarido de felicidad se traduce en haber bajado a la poderosa Juventus, en los penales. Y otra vez en una final copera. Allá en 2012, y por estas horas también. Ese rival que hace sentir menos a casi todos y casi siempre. Como para que la historia tenga un mejor sabor. Porque el grande del Sur se ha cargado al gigante del Calcio. Y porque, de tanto en tanto, los actos de rebeldía tienen su premio.

Lejos había quedado para Napoli aquella noche catarí del 22 de diciembre de 2014, en la que, en ese entonces su capitán, Marek Hamsik, levantó la Supercopa, tras otra victoria ante la Vecchia Signora. Y más distantes en el tiempo, aparecían las anteriores jornadas gloriosas en Copa Italia. Aquella que significó el doblete histórico, con Diego a la cabeza. O incluso, la última final, que marcó la obtención de este trofeo por quinta vez.

Jugar finales no ha sido una costumbre napolitana. Claro que no. Antes de la era Maradona, dos ganadas (la primera, en 1962, al SPAL Ferrara; y en 1976, al Atalanta) y dos perdidas (ante Milan e Inter, en los ’70). Con la llegada del Diez, además de los dos Scudetto, hubo una de cal y una de arena en Copa Italia, con otro triunfo ante Atalanta, en 1987, y la derrota contra la Sampdoria, en 1989. Pero lo que trajo la década del ’90 y el primer lustro del nuevo milenio, fueron todos reveses. Desde la conflictiva salida del máximo ídolo del club, a lo que siguió un nuevo traspié en una final (ante el Vicenza, en 1997), la posterior pérdida de categoría y una fugaz desaparición como institución, tras presentar la quiebra. Una sucesión de fracasos dentro y fuera del campo de juego que desembocaría en la caída a la Serie C1. La crisis más grande en la vida de un Napoli que parecía estar destinado a sufrir, otra vez. Y de la peor manera. Hasta que apareció Aurelio De Laurentis. Y la película empezó a cambiar de rumbo.

Productor cinematográfico, romano de nacimiento, pero de sangre napolitana, De Laurentis arribó en 2004 a una entidad sumergida en una debacle deportiva y económica. Su enorme billetera lo convirtió en el mayor accionista y presidente del renombrado Napoli Soccer. Y visionario, comenzó la reconstrucción futbolística con apuestas a futuro, primero, y contrataciones de segundo orden, un tiempo después. Así cumplió con la promesa del retorno a la Serie A y entonces puso la vara un tanto más alta, dándole más jerarquía al proyecto, con fichajes cada vez más resonantes. Lavezzi, con su desfachatez, dio su primer salto de calidad en Europa y se metió al ‘pololo’ en el bolsillo. Hamsik llegó desde Brescia, casi desconocido, y se fue del San Paolo habiendo hecho más goles que Maradona. Cavani vivió un romance de tres años, en el que besó las redes más de un centenar de veces, antes de partir a París. Y Pipita Higuaín, la figura de mayor peso especifico en el ciclo De Laurentis, justificó cada euro invertido en él, con dos títulos de capocannoniere y con un récord de 36 goles en 2016, la marca más elevada, después de 66 años, para un goleador de una temporada de Calcio.

Dries Mertens ha sido quien tomó la posta. A su picante dribbling que lo destacó en el PSV y la selección de su país, le aportó versatilidad en lo posicional y fuego en el área. Como extremo, de mediapunta, o flotando como falso ‘nueve’, el belga se convirtió silenciosamente en el ‘As’ del equipo, hasta transformarse en el máximo goleador del club en Europa, primero, y de su historia, el último sábado. En otro acierto de De Laurentis. Como si estuviera guionando una serie, de esas que siempre tienen un giro más, y fuera colocando los personajes en el momento justo, en la escena ideal.

El libreto de este episodio no podía escribirse sin tinta de la Campania. Una final con la Juventus de Cristiano Ronaldo enfrente casi que obligaba a interpretarlo de una única manera. Para seguir inclinando una balanza que solamente ha sido favorable en los capítulos coperos. De aquel inolvidable 5-1 que sólo el Napoli de Maradona podía haber orquestado, a otras dos consagraciones en la era moderna que el propio De Laurentis pergeñó. Esta vez, a base de ‘sangue azzurra’ caliente, un capitano napolitano y con ‘San’ Gennaro Gatusso tocado en el alma. Los condimentos justos para darle sazón al desenlace. Y para hacer que el ‘popolo’ partenopeo haga escuchar su grito desde el Sur.

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