Bundesliga en marcha: El Dortmund volvió on fire!

EN SOLEDAD Y SIN ABRAZOS. Así festejó el Dortmund el 4-0 que le propinó al Schalke en el clásico.

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Por Emiliano Chavez

Thorgan Hazard abre sus brazos, hunde la mirada en la tribuna, casi como si estuviera buscando la complicidad de alguien más, y se libera a sentir el placer de la conquista. Acaba de poner la tercera firma de lo que será una victoria impiadosa del Dortmund sobre el Schalke, en el derby del Ruhr, para quebrar una racha de cuatro años sin lograrlo y alcanzar los 800 triunfos del local en la Bundesliga. Motivo suficiente para gozar de este regreso al fútbol luego de 66 días sin acción. Aunque no pueda ser más que un goce a medias. Porque tan cierto como que el gol es el éxtasis, conectarse en ese instante con el grito de los hinchas es la magia.


Acaso lo único que no se ha salido de la normalidad fue que Erling Haaland no perdió la costumbre de convertir. El noruego, otra vez, puso su excepcional capacidad en el área, y fuera de ella, al servicio del Dortmund. Fue una pesadilla para los centrales del Schalke: abrió el camino hacia el 4-0, jugó de espaldas, pivoteando y fue voraz en la presión. Arrastró marcas, se asoció con Julian Brandt y liberó espacios para Hazard y Raphaël Guerreiro (autor de dos goles), que fueron letales con sus apariciones como segundas puntas.

LA PASIÓN, AUSENTE. Haaland y sus compañeros festejan el 1-0 en el derby del Rurh que acabaría en goleada.


El Dortmund pareció no sentir la larga inactividad. Resolvió la falta de mayor intensidad física a partir de un evidente compromiso colectivo para involucrarse en el juego cada vez que Brandt manejó los hilos, tanto en la fase de transición como en la de ataque. Así construyó el primer gol: elaboración interior en tramos cortos, ruptura con un genial taco del volante, proyección por banda, centro y a facturar. Todo, claro, ante la pasividad de un Schalke que jugó como a destiempo, siempre.


En la previa, Brandt se había animado a no excusarse por el parate ni por jugar sin público: “Todo se inicia de cero. No hay partido en casa, ni de visita”. La realidad, en apariencia al menos, resultó ser muy diferente y dispar. Lo del Dortmund tuvo el aspecto de un entrenamiento contra un rival en otra sintonía.

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