¿Cómo gana el Madrid?
EL PODER DE SIEMPRE. Aunque sin lujos, pero con un indiscutible gestor de vestuario y con la vara más blanca que otras veces. Historia típica del campeón eterno.

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Por Martín Vescovo

Real Madrid volvió a ser campeón. Ese sería un titular común para decir que el club más ganador de todos se ha quedado con una nueva Liga. Pero este Madrid no ha sido un equipo corriente. No para su historia. Lejos estuvo de representar al paladar galáctico que manda en la Casablanca. Dificilmente se nos quede guardado en la retina. No, por lo menos, por su brillo colectivo. Ni siquiera por las luces de sus estrellas. No ha deslumbrado por capacidad de asociación en ataque, ni tanto menos ha sometido a sus rivales con la posesión de la pelota. Pero cómo negar que seguirá estando en la boca de muchos. Por esa facilidad para apilar triunfos que lo distingue. Y, principalmente, por las polémicas decisiones arbitrales que influyeron sobre todas sus últimas victorias. Con el VAR como figura excluyente. Porque cuando tiene que ganar, gana. Casi un sello más de este laureado equipo. Una marca que nos recuerda, de tanto en tanto, y cada vez más seguido, quién es el equipo más poderoso del mundo.

ASÍ, ASÍ, ASÍ GANA EL MADRID

Para los más puristas, las infracciones son cuestiones de interpretaciones y no dan margen para discutir las sanciones del árbitro. Sin embargo, aquella idea de que la tecnología iba a terminar con las dudas dentro de la cancha se ha ido desvaneciendo. Y definitivamente se va al tacho cuando se observa que todos, absolutamente todos, los fallos inclinaron la balanza para el lado blanco. Y no porque debiera ser así. Desde el retorno tras el parón por la pandemia, al Madrid le sancionaron cinco penales a su favor, de los cuales cuatro le sirvieron para abrir el marcador, y tres de ellos, consecutivamente. En todos, las jugadas desencadenantes caminaron por la cornisa de la polémica, cuanto menos. Aún así, en alguna situación, como en el partido contra el Alavés, el árbitro ni se detuvo a observar la acción previa en el VAR. Y para cargar de mayores suspicacias a la remontada merengue, no faltaron otras jugadas de fallo dividido, como mínimo, en la visual, que acabaron sin consecuencias negativas para el conjunto madridista. Un pisotón en el área de Sergio Ramos a Raúl García, no sancionado en el ajustado triunfo en Bilbao, además de un puñado de dudosos offside, propios y ajenos, fueron decididos siempre con la misma vara. La blanca. «Estoy cansado de que digan que ganamos por los árbitros”, se quejó Zidane. Un fastidio tan válido como lo es el reclamo de sus competidores, que han desfilado como víctimas de un asalto a sus espíritus deportivos.


Cómo negar que seguirá estando en la boca de muchos. Porque cuando tiene que ganar, gana. Una marca que nos recuerda, de tanto en tanto, y cada vez más seguido, quién es el equipo más poderoso del mundo.

¿COMO JUEGA EL MADRID?

Ha quedado claro que este campeón no es un equipo común. No sólo porque sus méritos se hayan teñido más de la cuenta por su omnipotencia. Sino también porque, puesto bajo la lupa del análisis, no le han sobrado grandes valores. Su hombre estelar ha sido Sergio Ramos. La representación de este Madrid. Pero no destacar la capacidad de Karim Benzema sería un acto de injusticia con el francés. Y la cosa no va mucho más allá. Apenas, algunos destellos de Toni Kroos o Luka Modric, cuando el equipo ya tiene el trámite de juego a su favor. Porque, de Eden Hazard, el apellido de mayor relieve para esta temporada, hubo más ruidos que nueces, por culpa de las lesiones que lo persiguieron desde que arribó al Bernabéu. Acaso Zidane haya sido la pieza vital de este Madrid. Como principal virtud, ha sabido gestionar vestuarios con más pesos pesados que los que hoy cuenta, es cierto. Pero sería deshonesto no reconocerle esa simpleza, que se le ve hasta en las muecas, para ejecutar sobre la marcha. Un gesto que pareciera transmitirle armonía y confianza a sus jugadores. Aún así, el propio entrenador también se mostró ciertamente dubitativo antes de que la pandemia detuviera el fútbol. El esquema, con tres interiores y tres puntas, que hoy se repite naturalmente, atravesó un banco de pruebas que duró más de una decena de juegos y que pasó por el 4-1-4-1, cambió al 4-4-2, luego a un 4-3-2-1 y a un 4-2-3-1, hasta llegar a su transformación final del clásico 4-3-3. Un camino con más dudas que certezas, en el que después de un arranque ganador, lo pusieron a correr desde atrás.


«Estoy cansado de que digan que ganamos por los árbitros”, se había quejado Zidane. Un fastidio tan válido como lo es el reclamo de sus competidores.

Estructuralmente, la cuestión estuvo más clara: Courtois, Ramos, Casemiro, Kroos y Benzema le han dado vigor a la tan mentada columna vertebral. El arquero pareció terminar de justificar su fichaje; el defensor es la encarnación de la victoria en sí misma y, sello distintivo, su apellido se leyó en el marcador cuando el Madrid lo necesitó; el volante central, poco creativo, fue el equilibrista ideal para la propuesta de base; el alemán ha sido un administrador de pases limpios: y el goleador silencioso fue puro bullicio, a pesar de su apariencia apática, que nada tiene ver con la realidad. En definitiva, el Madrid ha sido este ensamble de poco lujos, con aportes extra de Varane, Carvajal, Modric y, particularmente, de Fede Valverde. El mediocampista uruguayo se impuso por su capacidad de quite, intercepción y recorrido. Tres elementos que pintan la identidad de un campeón que pocas veces se apoyó en la elaboración de juego y que prefirió el pase directo. Una transición rápida de defensa a ataque como estrategia, que culminó con una contundencia ofensiva (con 68 goles) que lo arrimó al título.


El hombre estelar ha sido Sergio Ramos. La representación de este Madrid. Pero no destacar la capacidad de Karim Benzema sería un acto de injusticia con el francés.

Los índices de posesión de pelota, con un 57 por ciento, y sobre todo, de precisión de pases realizados, que alcanza el 86 por ciento, no representan el método de este Madrid, apegado a un estilo de juego directo y decisivo. Por caso, ni Isco ni mucho menos James han sido actores principales. Una evidente señal de que la prioridad no fue la creatividad ni el desequilibrio a la hora de jugar.

EN EL AIRE. Una vez más, Zidane le ha sacado el jugo a sus dirigidos. 📷 Sergio Pérez (Reuters).

LA VIRTUD DE ENTENDER LOS MOMENTOS

Tan cierto como que los fallos arbitrales le han dibujado la recta hacia el título y que este campeón tuvo poco brillo, es que para alcanzar un objetivo de largo recorrido como una temporada de Liga, se deben presentar credenciales. Y el Madrid lo ha hecho. Tuvo fortalezas y cualidades. Su virtud más importante ha sido entender de momentos. De etapas del torneo, de trámites de juego durante los partidos y de saber reaccionar a tiempo. Porque, a pesar de haberse bajado circunstalcialmente de la cima, tras un buen comienzo liguero, y aún castigado por su bajo rendimiento en la Champions, superó sus vaivenes domésticos, se impuso en el Clásico de este año y cuando regresó la acción, aprovechó el bajón del Barça, sin piedad. Como un animal al acecho. Con el olfato para detectar la sangre. Entendiendo cuál era su rol en la carrera por la Liga. Y jornada tras jornada. Con cambios de postura, con Modric y Kroos sacándole ritmo al frenesí de los partidos, pasando del método directo a la administración del juego para garantizar el éxito definitivo de una victoria parcial. Todo un síntoma de confianza.


El Madrid ha presentado sus credenciales. Tuvo fortalezas y cualidades. Su virtud más importante ha sido entender de momentos. De etapas del torneo, de trámites de juego durante los partidos y de saber reaccionar a tiempo.

¿FIGURA?

Si se acude a la teoría de entender momentos de campeonato, de cada partido y de saber reaccionar a tiempo, tal vez se pueda decir que sí hubo una figura más clara, por encima del resto. Karim Benzema comprendió su rol más que ninguno de sus compañeros. Visualizó, a medida que avanzaban las fechas, que su función no era sólo finalizar la jugada. Se saltó los límites del área para culminar ese ataque profundo y ser opción de pase para Modric y Kroos. Tener movilidad para no ser visible ante los ojos de los centrales rivales. Más gol. Mucho gol: 21 en 35 partidos y un plus de ocho asistencias, le colgaron el cartel de anotador top y máximo asistente de este Real Madrid. Algunos sabelotodo se animarán, con el título consumado, a afirmar que fue la figura trascendental de la Liga 2019/2020.

EL PADRE DE LA CRIATURA

Ningún componente de todo Real Madrid ha entendido los momentos del equipo como lo ha hecho Zidane. El ya súper exitoso entrenador no es un revolucionario desde sus formas futbolísticas, no impone un estilo de juego con identidad que obligue a sentencias definitivas como decir “éste es un equipo de Zidane”. Sin embargo, es evidente que el francés detectó rápidamente lo que necesitaba su plantel, tras los frustrantes ciclos de Julen Lopetegui y Santiago Solari. Como si hubiera sido un deja vú de su salto inicial al primer equipo blanco, cuando se marchó Rafa Benítez. Zinedine manejó el vestuario merengue con la muñeca de un titiritero y no tuvo ningún reparo en separar a James, a pesar de haber sido una gran inversión, ni en contestarle con palabras y decisiones a Bale, clave en la Champions que, en 2018, lo consagró a Zizou como entrenador campeón de Europa por tercera vez. Hoy, el galés apenas tiene algunos minutos de acción y pasa más tiempo sentado entre los suplentes. Otra señal de lo ejecutivo que es Zidane y su innegable influencia tras una pretemporada donde había disconformidad general por la mala campaña que había cerrado el Madrid en 2019. Y los números lo acompañan. Llegado el verano europeo de 2020, el entrenador acumula 11 títulos en 209 partidos oficiales. Una estrella cada 19 encuentros. Lo que sería un viejo torneo corto en la Argentina. Una realidad abrumadora. Este último logro, construido a base de un conjunto solidario, de fortalezas defensivas y una eficacia demoledora. Un registro que se ve en sus equipos, a veces con más brillo, y que marca la pauta de que, guste o no, así, también gana el Madrid.

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