Un cuento de jeques y jueces
EL PESO DEL PODER. De sanciones duras a penitencias irrisorias. Otro episodio más de una historia de placeres.

Instagram

Por Fernando Ríos

Es bien conocida la teoría conspirativa que señala a los equipos grandes como los más influyentes. Por el peso propio de su historia, claro. Aunque muchas veces, lo es más por el poderío económico que los respalda. En definitiva, es una tendencia que ha sido mandante desde siempre en el fútbol mundial, y más aún, desde que el dinero rodea a la pelota. Manchester City, un club con mayor tradición doméstica que internacional, pero que ha ido ganando luces en la última década, a partir de un proyecto sostenido por los capitales árabes y sus grandes fichajes, fue beneficiado con el fallo del TAS (Tribunal Arbitral du Sport), que le revocó la sanción que se le había impuesto por incumplimientos con el Fair Play financiero de la UEFA. La máxima entidad europea había detectado supuestas irregularidades por lavado de dinero, a través de presupuestos que incluían los ingresos por patrocinios de las empresas vinculadas a Mansour bin Zayed Al Nahyan, el jeque emiratí y dueño del City, al mismo tiempo que acusó a la institución inglesa de intentar obstruir la investigación del caso. En conclusión, castigo deportivo y económico para el equipo de Guardiola, que lo dejaba afuera de las competencias europeas por dos temporadas y que además lo obligaba a pagar una multa de 30 millones de euros. Un golpe de knockout. O casi.


Manchester City, un club con mayor tradición doméstica que internacional, ha ido ganando luces en la última década, a partir de un proyecto sostenido por los capitales árabes.

Aquella sanción arrastraba consigo mayores males que los evidentes. En realidad, implicaba que, a partir de la ausencia del City en el torneo de clubes más importante del mundo, y por dos años, algunas de sus figuras, como De Bruyne, acaso el mejor mediocampista del momento, se plantearan una posible salida. Incluso, en el imaginario colectivo, ante el deseo de contar con Messi, surgía el interrogante sobre si esta suspensión podría alejar aún más al sueño de la realidad. Si resultaba difícil pensarlo afuera del Barcelona, mucho lo era más sin la posibilidad de competir en Champions por dos temporadas. Y tanto más hacerlo con Pep, el entrenador de mayor relieve del planeta. Casi un pecado. Sin embargo, tras la apelación, la cosa ha resultado bastante bien para los Citizens: tendrán su plaza en la próxima edición de la Orejona y pagarán sólo un tercio de la multa original.


La vara que se utiliza para medir las circunstancias de cada equipo va en directa relación con la importancia de cada uno.

El repaso de los fallos muestra que el TAS ha sido benevolente con otros clubes apelantes. Entonces, bien vale preguntarse cuál es la polémica en este episodio. Y la respuesta acaso esté en el planteo hecho al principio: la vara que se utiliza para medir las circunstancias de cada equipo va en directa relación con las potestades que goza cada uno. Hace cuatro años, en un caso similar al del City, el Galatasaray, potencia de la liga turca, pero que hace rato no es noticia en el nivel continental, violó las reglas del Fair Play financiero y fue vetado también por dos años de las copas europeas. La sanción que estableció la UEFA fue ratificada en la segunda instancia de aquella oportunidad y no hubo apelación de los turcos que valiera. Un contraste de poderes que marca el pulso de las decisiones también en el ámbito jurídico de este deporte.


Hace cuatro años, en un caso similar, el Galatasaray fue vetado también por dos años de las copas europeas. La sanción fue ratificada por el TAS. Todo un contraste de poderes.

En retrospectiva, qué lejos ha quedado el Calciopoli, aquel escándalo que salpicó a nueve equipos de Italia y que hizo sucumbir a la mismísima Juventus con la quita de los últimos dos títulos que había conquistado por entonces y su posterior descenso a la Serie B, como consecuencia de la manipulación arbitral. Un punto de inflexión en el fútbol italiano, puesto que ni siquiera la inmediata consagración mundialista de la Azurra en Alemania, podría detener el comienzo de un paulatino declive del Calcio, con el éxodo de las principales estrellas y, en sintonía con esto, una consecución de desventuras, más que de buenas sensaciones, que la Selección de ese país atravesó, hasta tener que ver por TV una Copa del Mundo, la de Rusia, por primera vez en su historia. Y cuánto más distante, ha quedado la sanción a los clubes ingleses, dominantes de la época en el Viejo Continente, tras la tragedia de Heysel, en mayo de 1985, que les impidió participar en competiciones de la UEFA, durante los siguientes cinco años, producto de la prolífica violencia de los Hooligans en Europa. Otros tiempos, cada vez más lejanos de estos que se tiñen cada día más de vicios todopoderosos y favoritismos de escritorio. El City, en la antesala de su duelo con el Madrid, otro profundo conocedor de estos placeres, debe sentirse tan aliviado como omnipotente por estas horas. Para festejar, el sheick ya avisó a los ejecutivos que tendrán 150 millones de euros para gastar en contrataciones. Sin sonrojarse. Nada mal para la ostentación.

Leave comment

Your email address will not be published. Required fields are marked with *.