En tres toques: MatchDay 2

TAC, TAC, TAC. El sonido hermoso de este juego. El modelo Pioli, el morbo zeneize y la Kop en silencio. Hoy, hacemos una de más y, como amamos el fútbol, prendemos velas por Mbappé. A romper la línea de la presión.

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Por Emiliano Chavez


El primer pase

DESFILAN ZLATAN Y ÇALHANOĞLU: MILAN ESTÁ DE MODA

Stefano Pioli deberá probarse un nuevo traje. Y vaya que lo hará con gusto. Su figura vestirá aquel modelo que será confeccionado para la próxima temporada europea. Porque ha dado la talla de éste, su Milan. Y lo ha hecho con estilo. La fantástica remontada ante la Juventus, que acabó una racha personal de 15 enfrentamientos sin ganarle, un contundente triunfo ante la Lazio y la implacable goleada al Bologna han sido los tres picos más altos de su equipo, en un verano italiano que lo encuentra espléndido. Y que le ha servido para despejar algunas nubes que amenazaban su continuidad en el cargo de entrenador y para aclarar el paisaje de su cuadro milanista, hasta el punto de torcer un rumbo que tenía destino tormentoso. Hace unos días, sonaba fuerte en Milanello el nombre de Ralf Rangnick, director deportivo del RB Leipzig, que llevó al club germano a disputar la actual Champions, en la que es una de las revelaciones. Sin embargo, una secuencia ganadora y de buen juego han confirmado los saludables síntomas del rossonero y sus dueños no tuvieron más remedio que frenar las conversaciones con el candidato alemán y anunciar la extensión del vínculo con Pioli hasta junio de 2022.

Esta escalada futbolística del Milan no ha sido obra de un milagro de la madonnina, está claro. Pioli ha perseguido este exitoso andar a través de una idea que mantuvo, aún en los momentos de irregularidad. Y con dos intérpretes bien definidos. Uno, Zlatan Ibrahimovic, por su indiscutible jerarquía. Y el otro, Hakan Çalhanoğlu, por su notable capacidad de conducción y pase. El sueco, inagotable, y el turco, de enorme actualidad, le han devuelto la vitalidad a un conjunto que, en la primera rueda del torneo, se había mostrado frágil en situaciones de mayor presión, como en los duelos que perdió con todos los otros grandes del Calcio, en especial, en uno de los derbies ante Inter, luego de estar 2-0 arriba. Esa inestabilidad, traducida en una decena de victorias y derrotas, se ha transformado en consistencia y confianza, a partir de la omnipresencia de Ibra: «Soy presidente, entrenador y jugador, pero me pagan sólo como futbolista. Si me hubieran fichado en septiembre, habríamos ganado el título». Y gracias al rol cerebral de Çalhanoğlu, de quien el míster opinó: «En el futuro, estará entre los top». Una sociedad que repitió su buena performance ante Sassuolo y Atalanta, con dos asistencias fabulosas y un delicioso tiro libre al ángulo del mediocampista ofensivo, más un doblete deluxe de Zlatan que sellaron otra semana positiva en San Siro. Dos piezas que, cuando hacen contacto, le dan chispazos de buen fútbol a un Milan ascendente e invicto tras el parate, que cosechó 24 puntos de 30 posibles y marcó 26 goles en los últimos diez partidos. Una prominente producción que ya le ha asegurado su plaza, como mínimo, en la ronda previa de la Europa League 2020/2021. Premio también para Pioli que, detrás del brillo de esta dupla, siguió apostando por una plantilla fresca, con el promedio de edad más bajo de la Serie A y con Gigi Donnarumma, el gran arquero que, con 21 años, ya superó las 200 presentaciones, como fiel reflejo de esto. Y además, porque nunca negoció su plan. Ese método de elaboración, que nace en los pies de Kessié y Bennacer, y que culmina con la voracidad de Rebić. Y que le ha dado muy buena pinta a este Milan que está de moda.

Pase entre líneas

DERBY EN LIGURIA: GENOA SE ACERCA A BUEN PUERTO

Un clásico, de cualquier parte del mundo, es un vaivén de infinitas sensaciones. Pasión. Alegría. Tristeza. Ilusión. Fe. Ansiedad. Angustia. Y tiene morbo. Ninguna rivalidad puede escaparle a eso. El derby della Lanterna, acaso más significativo para el fútbol grande que lo que se considera fuera de Génova, por su lazo directo con los orígenes de Boca y, en consecuencia, con el Superclásico que protagoniza con River, traía consigo ese frenesí que hace casi una década también pintó la escena del partido más importante de la Argentina. De un lado, el Genoa, cargado de presión y sumergido en la pelea por la permanencia. Enfrente, la Sampdoria, lejos de las plazas europeas así como del descenso, pero saboreando la posibilidad de hundir a su eterno rival. A diferencia de aquella tarde en la Bombonera, y sin el colorido de las bengalas en las tribunas que caracteriza al duelo zeneize, el Luigi Ferraris venía a ser único testigo de un choque sin demasiadas luces, aunque con condimentos que lo hacían aún más especial.

No demoró tanto en llegar la primera bocanada de aire para los rossoblu. Antes de la media hora inicial, la fortísima ejecución en el penal de Domenico Criscito le daba oxígeno a un equipo que se jugaba mucho de su futuro en esos 90 minutos, pero que también tenía un oído puesto en el desenlace de Lecce-Brescia, sus competidores en la zona baja de la clasificación. Sin embargo, ese respiro duró lo que un suspiro. Manolo Gabbiadini enseguida emparejó las cosas con una definición cruzada. A partir de allí, debió remar bastante el Genoa para no perder definitivamente el rumbo. Primero, volvió a encontrar una ventaja, aunque ficticia y que acabó esfumándose de nuevo en un parpadeo. El danés Lukas Lerager capturó un rebote en el área, pero un offside detectado a instancias del VAR, mantuvo la paridad. Y después de ese fallo, la Samp empezó a mostrarse dominador de las acciones, aunque con poca profundidad y menos eficacia, por un errático Bonazzoli y porque se topó con la seguridad de Perin. Sin embargo, el Genoa recuperó la brújula y vio tierra firme en el horizonte. Y tras un asunto de polacos, en el que Bereszyński, dubitativo en la salida, perdió la pelota ante el pressing de Jagiełło, llegó el desquite para Lerager, que sacó un derechazo rasante imposible para Audero y decisivo en el marcador. Las noticias que llegaron casi al mismo tiempo desde Via del mare, condenaron al Brescia y dejaron a flote las esperanzas del Lecce. Pero nada podía arrebatarle ese rato de felicidad al Genoa. Por sentirse capo de Liguria, por unos días. Y porque está más cerca de llegar a buen puerto.

Pase de gol

LIVERPOOL Y SU FIESTA EN UN ANFIELD SOLITARIO

Entre las tantas ironías que se dan en el fútbol, los hinchas del Liverpool pueden, de algún modo, sentirse afectados por varias. Desde la creación de la Premier League, los Reds pasaron de ser los más ganadores de Inglaterra a una sequía de tres décadas y a que esa distinción cayera en manos del Manchester United, el máximo rival. Y cuando por fin la consagración era cuestión de semanas, una pandemia mundial detuvo la marcha de los de Klopp hacia el título. Casi una burla del destino. Como sí era de esperar, a la reanudación de la liga, le siguió la inmediata coronación de una temporada espectacular. Pero claro, desde Paul Mc Cartney hasta el fanático más anónimo soñaba vivir ese instante de gloria en carne propia, con el trofeo en el aire y la Kop, emblemática cabecera, rugiendo por la conquista. Nada más lejos de aquello que las imágenes del capitán Henderson levantando la copa en un solitario Anfield. Una celebración tan esperada como impensada, y algo injusta, para un equipo que, aún sin sus seguidores presentes, nunca caminó solo.

Antes de la entrega de premios, el campeón inglés entregó otra prueba del enorme repertorio que tiene. Poder de gol, variantes en ataque por asociación y por juego directo, y una intensidad difícil de contrarrestar. Todo eso, aún con algunas falencias defensivas, fue mucho para un Chelsea que igualmente no se rindió y estuvo cerca de levantar una desventaja de tres tantos. No les alcanzó a los Blues para sumar y conseguir por adelantado uno de los dos tickets a la próxima Champions, por los que también pelean Leicester y el United, que lo decidirán este domingo, mano a mano. Será un problema de otros, pensarán en Liverpool. Allí, el futuro llegó hace rato.

Una de más

PSG, ENTRE COPAS Y LAMENTOS

No ha sido un buen retorno para el PSG. La imagen de Kylian Mbappé en muletas es una clara muestra. El gol de Neymar y la obtención de la Copa de Francia casi que han quedado en segundo plano. La lesión del delantero ha encendido las alarmas en París. A punto tal que, hasta el presidente del país, Emmanuel Macron, le consultó al jugador sobre el estado de su tobillo derecho. «Se desgarró un poco», fue su respuesta. Motivo más que suficiente para que Thomas Tuchel hiciera público su enojo y disparase contra los futbolistas del Saint-Etienne: «Todos vieron lo de Kylian. Es el tercer partido contra ellos y la tercera roja que reciben, todas las veces en los primeros 30 minutos. Estoy muy sorprendido. Estoy muy contento por haber ganado, pero hay que tener paciencia porque no tenemos noticias». Lo cierto es que, a pesar de que comenzar ganando un título siempre es valioso y que, en apenas siete días, el conjunto parisino buscará conquistar también la Copa de la Liga, ante el Lyon, la preocupación del entrenador es lógica ya que, a poco menos de tres semanas del encuentro con Atalanta, por los Cuartos de Champions, resulta difícil imaginar que el crack pueda estar disponible para ese match. Una pena por el espectáculo.

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