En tres toques: MatchDay 5

TAC, TAC, TAC. El sonido hermoso de este juego. Shakhtar não tem fim, Copenhague late fuerte y Conte anda a los tiros por Europa. A romper la línea de la presión.

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Por Emiliano Chavez


El primer pase

JÚNIOR MORAES LE PONE SAMBA AL SHAKHTAR DONETSK

📷 EFE.

La samba suena en Ucrania. Porque Shakhtar Donetsk, el equipo más brasileño de Europa, se sacudió con su ritmo en el Olímpico de Kiev y liquidó las esperanzas del Wolfsburgo. Un final feroz del conjunto que dirige el portugués Luis Castro que fue demasiado para la falta de consistencia de los Lobos alemanes. Y que acabó siendo la rúbrica de un enfrentamiento casi sin equivalencias y que pareció haber estado resuelto incluso antes de la pandemia.

Si Shakhtar es el cuadro mas enraizado con el futebol, entonces, Aluísio Chaves Ribeiro Júnior Moraes es la más fiel representación de este arraigo cultivado desde hace más de una década. Criado en Santos y formado en el Peixe que hizo famoso Pelé, el delantero llegó a la institución en julio de 2018, saltando desde la vereda de enfrente. Su arribo a la Liga Premier ucraniana se había dado seis años antes, para jugar en el Metalurh Donetsk, el rival de la ciudad, y después de tres buenas temporadas, firmó su traspaso al Dynamo Kyiv, el otro protagonista del clásico más grande del país. Su sostenido buen rendimiento desde 2012, con 71 goles en 154 partidos y, claro, su origen, fueron las claves de su currículum para que se mantuviera la tradición, que alguna vez también cumplió Douglas Costa, y se convirtiese en otro de los tantos futbolistas nacidos en Brasil que han fichado por el Shakhtar. Y enfundado en la camisa 10 de los Hirnyky (Mineros, en español), Júnior Moraes ha encajado tan naturalmente en este andamiaje intercultural que lo ha llevado a nacionalizarse y, desde marzo de 2019, a integrar la selección de Ucrania. Y se ha vestido de facilitador en este once que, como ya es costumbre, elabora con swing brasileño y ejecuta con frialdad ucraniana. Sus apariciones en el epílogo fueron un reflejo de eso: una media tijera, propia del talento, y una definición, generada a partir de un error forzado y que dejó arrastrado al arquero Casteels, le pusieron música al avance de ronda. Para que suene bien el Shakhtar. Y a pura samba.

Pase entre líneas

KØBENHAVN, CAPAZ DE RENACER

📷 RITZAU SCANPIX.

Detrás de sus gestos rígidos, a Ståle Solbakken le brota el buen humor. Su cuerpo encarna la satisfacción de haber dado otro paso ancho con su København. Este atrevido conjunto danés que conduce y que ha dejado a la vista de toda Europa su capacidad de resurgimiento. Una vez más. En febrero, con una victoria en suelo escocés, ante el Celtic. Y por estas horas, derrumbando al humilde de pergaminos pero de vínculos poderosos en Turquía, İstanbul Başakşehir. Siempre desde la adversidad. Probablemente, moldeado e impulsado por las experiencias personales transmitidas desde su entrenador. Porque quién mejor que este noruego de 52 años para explicar y entender el concepto de resurgir. Este hombre, calvo en el presente y de pomposa cabellera a finales de los ’90, a quien aquel 13 de marzo de 2001, cuando todavía se paseaba por el campo de juego con los botines puestos, le tendría guardado un destino tan temido como la muerte, y singular como la resurrección.

Doce minutos sin pulso, después de haber sufrido un paro cardíaco en pleno entrenamiento, certificaron aquella tarde, mientras viajaba en la ambulancia, la muerte clínica de Solbakken. Pero la vida quiso ser algo menos injusta con él y, una vez llegado al hospital, este vikingo, oriundo de Kongsvinger, volvió en sí. Para seguir contando su particular historia. Y con voz propia. Aunque un marcapasos ya no le permitió continuar siendo ese mediocampista que disputó el Mundial de Francia y que alcanzó a jugar en la Premier League. Pero su viaje, al otro lado y en este plano, le ha servido, y vaya cuánto, para construir su carrera en el banquillo. Y hoy, lo encuentra gozando de buena salud. Sonriente, porque en el horizonte aparece el United, renovado por la mano nórdica de Solskjær y que aplastó al LASK de Austria. El gigante de Manchester al que cualquier mortal le teme. Acaso Solbakken sea una de las excepciones. Él y sus Løverne (Leones) de Copenhague. A ellos se los ve dispuestos a dar batalla y capaces de, una y mil veces, renacer.

Pase de gol

LAS BALAS DE CONTE Y EL PISTOLERO LUKAKU

📷 INTERNAZIONALE MILANO PRESS.

“Conte practica un juego de posición muy diferente al mío, pero es juego de posición y lo hace muy bien”. Aún apostado en otro rincón futbolístico, Pep Guardiola ha valorado, en el libro La Metamorfosis de Martí Perarnau, el libreto que el entrenador italiano le ha repartido a los intérpretes de cada equipo que encabezó, desde su etapa juventina, que inició en 2010, hasta estos días de vida interista. Un modelo que le ha dado la razón, desde el sustento que convidan las victorias. En Turín, primero. Después, en su buena aventura al frente de la Nazionale. Y también en su expedición londinense, que le sirvió al Chelsea para recomponerse de un deficitario paso de Mou. Antonio Conte, visto en Italia como un revolucionario de estos tiempos, devolvió a los planos del éxito a ese modelo de tres defensas y cinco mediocampistas que el propio Guardiolismo casi que había enviado a archivar. Pero aún así, el allenatore nerazzurro no ha transitado las últimas horas con tanta aceptación a su alrededor. Y mucho tiene que ver con esto, su otra forma de haber pateado el tablero: el fuego directo que, post triunfo ante Atalanta, le disparó al propietario chino del Inter y a los directivos que manejan la institución en Milán, le ha terminado por rebotar las esquirlas y lo ha colocado en una escena que pone en público a Massimiliano Allegri, como potencial candidato a sucederlo en la próxima temporada.

No haber podido romper con el dominio del Calcio que la Juve conserva desde hace casi diez años, no pesa en esta disputa. Acaso resultará ser un detalle en el desenlace de la historia: a Conte le cuentan las municiones que se gastó principalmente en Steve Zhang, hijo de Zhang Jindong, dueño de Suning, el holding asiático que compró las acciones del club en 2016, nada menos. «Encontré muy poca protección. Tan pronto como fue posible se hicieron muchas críticas. No me gustó. Voy a hablar con el presidente, pero está en China…». Y sin ánimos de ahorrar pólvora, le apuntó a la dirigencia: «No me gusta cuando se suben al carro. La montaña de mierda ha caído sobre mí y los futbolistas. Siempre pongo la cara ante todos, pero hasta cierto punto». Y debió poner la faccia también en la partita secca de Gelsenkirchen. Ya sin tantas balas en la recámara, pero con su pistolero más certero en el frente de ataque: Romelu Lukaku. Y con su método contista, de intensidad media y contundencia ofensiva, le alcanzó para acabar con las pretensiones de un duro Getafe. A su modo, con su estilo y con su posición. Inter todavía cabalga en la carrera europea. Aunque Conte ya no lo haga con el caballo del comisario.

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