En tres toques: MatchDay 7

TAC, TAC, TAC. El sonido hermoso de este juego. El instinto animal de Leo, el reto de Domènec y el salto del pirlismo. A romper la línea de la presión.

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Por Emiliano Chavez


El primer pase

EL MIEDO DE MESSI: HASTA PEP DEBERÍA ASUSTARSE

📷 AFP.

“Loco, van a salir fuerte. Tenemos dos goles de ventaja, no seamos pelotudos. Vamos a jugar tranquilos que les hacemos otro”. Estas palabras desnudan tanto miedo arraigado como espíritu de liderazgo internalizado. Messi está poseído, por ambos sentimientos. Una diferencia de dos en el Camp Nou, en otros tiempos, lo habrían dejado en silencio, disfrutando de la noche de Champions. Pero hoy tiene miedo. Y este punto es acaso el que lo vuelve un mortal. Porque éste, su Barcelona, no es confiable. Sumado a la cada vez más pronunciada dependencia de su figura salvadora, sus compañeros se han ido alimentando de inseguridades personales y colectivas. Y los golpes del pasado les acechan la memoria. A todos. Las pesadillas del Olímpico y de Anfield son un trauma que esta plantilla culé podrá resolver sólo de dos maneras: con la lógica del éxito y que el domingo 23, en Lisboa, acabe con la Orejona en manos propias, claro; o con otra eventual eliminación, pero que derive, esta vez, de una serie pareja, de gol a gol, o bien, de un resultado inobjetable en favor del rival de turno. Así tendrá que ser para este equipo. A todo o nada. Y no a medias tintas. Ni mucho menos, una montaña rusa futbolística que lo tenga excitado arriba y que, en un sacudón psicológico, lo ponga boca abajo, en estado de shock. Messi, como líder jerarquizado que es, conocedor de cada rasgo emocional del grupo, lo tiene asumido.

El temor no le ha hecho encoger los hombros. Messi tiene la espalda más ancha del mundo. Y su rol de capitán, de cinta, cuerpo y alma, le ha dado una vuelta de tuerca más a su enorme repertorio y lo ha puesto en un sitio más alto, incluso, que al que lo ha portado su talento todopoderoso. Alza la voz afuera, para contradecir mezquindades políticas tanto como para cargar con las culpas de la derrota. Exterioriza broncas sobre el césped. Refunfuña, por andar tan cerca de convertir, pero sin dar en el blanco. No celebra y se manda a sí mismo al carajo, por dibujar una falta directa en el ángulo que no alcanza para retener la Liga. Y grita reaccionario, en cada gol y en cada aventura hacia el arco contrario. Apenas le devuelve sonrisas a su amigo Luis Suárez, o a su socio de banda, Jordi Alba. Muestra sus dientes más para rugir que por felicidad. La metamorfosis de su juego, que lo ha transformado de dribbleador feroz y killer de todos los récords a gestor pensante y habitual pieza finalizadora de ataques, no sólo se ha configurado por la inclemencia del paso del tiempo y las exigencias físicas. También se ha nutrido de esta versión rebelde full time. La batalla reside en Messi. Desde su regreso post-renuncia a la Selección, tras los mazazos de las tres finales. Desde que Iniesta le ha entregado el mando absoluto en el vestuario. Desde que apagó el incendio argentino en Quito. Desde que Roma y Liverpool lo han sacado con brutalidad del ring europeo. Desde que no calla. Desde que tiene miedo. Ese sentimiento tan capaz de bloquear como de despertar el instinto animal. Desde que el liderazgo se le ha hecho carne. Ha pasado el Napoli, menos amenazante que lo esperado. Messi ha sido el reaccionario que necesita y que tiene este Barça, algo mejorado, casi como único argumento para volver a conquistar Europa. La ruta en Lisboa es de temer: Bayern es la parada obligada. Y el cuco del City sobrevuela en un potencial cruce. Este Messi combativo anda con miedo. Hasta Pep debería asustarse.

Pase entre líneas

DOMÈNEC TORRENT CARIOCA: EL CRUYFFISMO LLEGA A RÍO

📷 EFE.

Domènec Torrent Font nació y fue criado en Santa Coloma de Farners, al sur de Cataluña. Y como catalán de pura cepa que es, no se aparta de sus ideales. Originados en su pensamiento o no, los ha tomado como propios. Y los promueve. Porque lleva incrustado el sentido de pertenencia a los valores y conceptos que construyeron su día a día, durante una década, como primer asistente de Guardiola. Una suerte de licenciatura, que le fue dictada por el más destacado de los catedráticos. «Fueron muy importantes estos diez años de trabajo, de conocimiento. Cuando estás con los mejores del mundo, aprendes mucho». Agradece el privilegio de haberlo acompañado en Barcelona, Munich y Manchester. Y tanto más, que el propio Pep lo haya animado, hace dos temporadas, a aventurarse en la Gran Manzana, por ser «una ciudad fantástica para vivir», para dar su salto al banquillo del New York City FC (del City Group); y unas semanas atrás, a aceptar el desafío de entrenar al Flamengo, por tratarse de «una oportunidad única, que sólo pasa una vez en la vida». En la MLS o en el Brasilerão, Torrent lo hará a su modo. Aquel que siente cualquier ‘hijo’ de Cruyff, o ‘hermano’ menor del guardiolismo.

Dome, tal como lo llaman sus amigos, no esconde ese fundamentalismo que lo obsesiona. En su presentación en el Ninho do Urubu, la ciudad deportiva del Mengao, lo ha puesto sobre la mesa: «Para mí, es importante cómo ganar, no sólo ganar. Quiero crear un estilo, que Flamengo juegue de la misma manera en el Maracaná y en otros campos. Tenemos nuestro propio estilo y vamos a implementarlo poco a poco, porque tenemos que respetar el trabajo de Jorge Jesús y los jugadores». Esa será su otra gran apuesta en esta experiencia que recién ha comenzado, con una derrota ante el Atlético Mineiro de Sampaoli. Apenas que servirá para sacar conclusiones. Por delante, tendrá 200 días y potenciales 57 partidos, entre liga, Copa do Brasil y Libertadores, en los que intentará plantar la semilla y hacer que florezca un modelo reconocible en Sudamérica. El éxito conceptual por encima del éxito resultadista. Aunque atado uno al otro. Y desde una premisa bien cruyffista: «Cuando ganas, tú tienes la razón y cuando pierdes la tienen otros que dudan de tu estilo. Yo asumo este reto». El cruyffismo ha llegado a Río.

Pase de gol

«KEEP CALM, JUVE: PASS IT TO PIRLO»

📷 JUVENTUS PRESS.

«Soy un gitano errante sobre el campo. Un centrocampista buscando continuamente un espacio libre donde me pueda mover a mis anchas […] Lo único que quiero son un par de metros cuadrados para ser yo mismo. Un espacio para profesar mi credo: coger la pelota, dársela a un compañero y que el compañero marque. Es mi manera de propagar la felicidad». En su autobiografía Penso, quindi gioco (Pienso, luego juego), Andrea Pirlo se confiesa un pensador que persigue rincones donde ser. No le interesa el ruido. No lo necesita. Una vuelta por su viñedo, una buena siesta, o un rato de distracción con una consola de videojuegos, le alcanzaban para ponerle pausa a tanto vértigo a su alrededor, en sus días de futbolista. Así se pasó la tarde del domingo 9 de julio de 2006, en Berlín, «durmiendo y jugando a la PlayStation. Por la noche, salí y gané la Copa del Mundo». Esa serenidad que le relaja hasta los músculos de la faccia. Antes, en plena función de regista extraordinario, aquel que, vestido de rossonero o en colores bianconeri, ha dado clases de arquitectura desde el círculo central. Y ahora, en esta otra etapa de su vida, la de novato entrenador, en la que se ilusiona con «repetir el periplo de Guardiola y Zidane». Una frase, tan fresca como lógica. Un deseo que conservaba, por lo menos de entrada, la similitud de iniciar en el banquillo del filial de la Juventus, tal como lo han hecho Pep en el Barça B y Zizou en el Castilla. Sin embargo, el Maestro acabará saltándose ese paso. Porque la reciente eliminación europea y la inmediata salida de Maurizio Sarri, han adelantado las agujas del reloj y Andrea Agnelli ha decidido que el momento es ahora: Pirlo se estrenará como míster en la primera squadra, sin siquiera haber entrenado un día al Primavera. Nada mal para sus pretensiones.

Algunas señales de lo que puede traer el modelo Pirlo, las ha revelado el propio Andrea, en un live de Instagram con Cannavaro, en épocas de confinamiento. Esbozaba en su cabeza «un 4-3-3, con todos adelante y una gran posesión del balón». Y ya en su presentación del pasado 31 de julio, aunque en el cargo de allenatore del U23 juventino, que no ocupará, avisó que sus dirigidos tendrán que «mandar en el juego, tener ideas claras y ocupar bien los espacios». Bastante previsible, habiendo edificado su carrera, desde una conducción panorámica, que detectaba vacíos para llenar de asistencias, y nada más lejos de la fibra moderna y esos velocistas que van de área a área, casi ajenos al arte de jugar. «Odio los calentamientos de antes de los partidos […]. No son más que ejercicios masturbatorios”. A un amante de la elegancia como Pirlo, jamás podría excitarle. Pero guste más, o guste menos, deberá confeccionar una renovación tan necesaria como inevitable. Por lo pronto, Arthur y Kulusevski son los primeros nuevos nombres ya abrochados, pero sueña con Isco, a quien ve como pieza clave para el objetivo Champions. Y Tonali, la joyita del Brescia, también estará en carpeta. El proyecto del pirlismo está en marcha. Hasta antes de su adiós de la Juve, un letrero en Turín pedía “Keep calm and pass it to Pirlo” (Mantén la calma y pásasela a Pirlo). La pelota está en sus pies.

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